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Balenciaga, el ingeniero de la moda

Conmemorando los 100 años de la apertura del primer taller de Cristóbal Balenciaga en San Sebastián, y los 80 de su llegada a París, se celebra la primera exposición en el Reino Unido que explora el trabajo y el legado del diseñador guipuzcoano

La modelo Dovima con el galgo Sacha, vestido y sombrero de Balenciaga. © Richard Avedon

La modelo Dovima con el galgo Sacha, vestido y sombrero de Balenciaga. © Richard Avedon

Conocido como "El Maestro" de la alta costura, Cristóbal Balenciaga fue uno de los diseñadores más innovadores e influyentes del siglo pasado. Su exquisita artesanía y el uso pionero de sus telas revolucionaron la silueta femenina, estableciendo el tono para la moda moderna. No existe un personaje en la historia de la moda más respetado y misterioso que Balenciaga. Vistió a las mujeres más renombradas de la época y fue reverenciado por muchos de sus ilustres contemporáneos, entre ellos Christian Dior y Coco Chanel.

Esta profunda influencia se celebra en el museo Victoria and Albert de Londres con la exposición Balenciaga: Shaping Fashion. La retrospectiva muestra sus técnicas de los años cincuenta y sesenta a través de bocetos, fotografías, más de 100 prendas y 20 sombreros, algunos de ellos inéditos, diseñados por el modisto.

Modelo llevando abrigo de Balenciaga, París, 1954 © Mark Shaw

Modelo llevando abrigo de Balenciaga. París,1954 © Mark Shaw

Los inicios del éxito

Nacido un 21 de enero de 1895 en la pequeña localidad costera de Guetaria, Cristóbal Balenciaga fue el quinto hijo de un pescador y una costurera. De infancia humilde, su destino quedaría marcado por la temprana muerte en el mar de su padre y por las finas labores de su madre. De niño era frecuente verlo en las sastrerías de estilo inglés de San Sebastián, obsesionado con aprender los detalles del corte y la construcción de los trajes.

Por aquel entonces, las orillas del Cantábrico eran el lugar preferido para pasar los meses de verano de la realeza y la alta sociedad europea. Fue así como la VII Marquesa de Casa Torres, abuela de la futura reina Fabiola de Bélgica, que veraneaba en Guetaria, se convirtió en su mecenas. Balenciaga tenía sólo trece años. En 1917, con 22 años, Balenciaga ya contaba entre sus clientas con las damas españolas más influyentes, como la reina María Cristina y la infanta Isabel Alfonsa.

Cuando estalló la Guerra Civil Española, el couturier se vio forzado a cerrar sus tiendas, trasladándose a París donde operó el taller más exclusivo y costoso en París durante 31 años. Tres décadas fructuosas en las que Balenciaga inventó nuevos volúmenes. Creador de la línea tonneau, o barril (1946), las mangas melón y las faldas globo (1950), diseñó el vestido túnica (1955), el vestido saco (1957), el baby doll y los vestidos “Queue de Paon” (1958), sus colecciones le convirtieron en el maestro de maestros, y es que de los talleres de su casa de moda se forjaron diseñadores como Oscar de la Renta, André Courrèges, Hubert de Givenchy y Emanuel Ungaro.

Asimismo, toda esta creatividad le proporcionó una codiciada cartera de clientas, entre las que se encontraban actrices como Marlene Dietrich o Elizabeth Taylor, y damas de la alta sociedad como Jacqueline Kennedy, Mona Bismarck y Gloria Guinness.

Balenciaga trabajando en su estudio, Paris, 1968 © Henri Cartier-Bresson / Magnum Photos

Balenciaga trabajando en su estudio. Paris,1968 © Henri Cartier-Bresson / Magnum Photos

Legado de vanguardia

Su alta costura, llena de secretos, es el símbolo de un tiempo en el que la artesanía ocupaba el lugar de la informática. Balenciaga era un ingeniero textil que introdujo diseños que cambiaron la manera que las mujeres se vistieron, convirtiéndole durante 20 años en el profeta de la moda.

"Un balenciaga es mucho más importante por lo que esconde que por lo que enseña. La simplicidad es rigurosa en el exterior, pero el interior es pura ingeniería, secretos perfectamente cosidos para nunca desvelarse", nos cuenta Davies-Strodder organizadora de la exhibición del V&A. “Balenciaga no encontraba en el dibujo el punto inicial con el que comenzar a diseñar. Lo primordial para él era encontrar la tela adecuada y, una vez hallada, elaborar el mejor diseño en función de sus características y composición, textura y movimiento dando a las prendas un acabado perfecto, casi escultórico”.

El modista siempre sorprendía, siendo capaz de tallar en un mismo trozo de tela la manga y la espalda de un mismo vestido sin rastro de costura o pespunte. Para mostrar la inimitable habilidad con las que el diseñador construyó ese universo de siluetas, el artista de rayos X Nick Veesley replica y disecciona en Londres, piezas famosas del archivo de Balenciaga, descubriendo los armazones interiores de sus trajes con los que conseguía efectos inauditos.

Sus contemporáneos le admiraban y los diseñadores de este milenio se dejan influenciar por su arte. Cristóbal Balenciaga era como sus trajes: ascético por fuera, pero con un interior lleno de secretos por descubrir. Hasta el 18 de febrero en Londres.

Marina Fernández Cano

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