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Devolviendo vida a la tierra

"Estudia, niño, que el campo es muy duro". Los más mayores jamás se han cansado de repetir esa frase. Tras largas décadas en las que la agricultura se ha ido relegando al final de la lista como opción de empleo, parece que ahora –voluntariamente– vuelve a ganar posiciones en el ranking. Es el caso de Óscar García, quien se define como 'huertero profesional'

Oscar García con sus gallinas

Oscar García con sus gallinas

Lo cierto es que él nunca se planteó que podría acabar entre azadones, pero, en los últimos años de la treintena, decidió iniciar un proyecto personal no solo como trabajo, sino como forma de vida: la recuperación de la huerta tradicional y natural. Nos acomodamos en una sombra, entre cultivos, y nos lo cuenta.
"Trabajaba como comercial, pasaba muchas horas en la carretera, en la calle y con clientes. Era un día a día en el que lo más importante era vender y llegar a los números: estresante y agotador". Siempre le han gustado los animales y, a través de ciertos círculos de protección y conservación de fauna y flora, fue conociendo la agricultura ecológica y el consumo responsable. "Comemos demasiada carne, alimentos procesados y verdura que sabe 'a corcho'".
Quiso formar parte de esta nueva tendencia mucho más natural y pasó un tiempo dándole forma al proyecto en su cabeza. "No paraba de leer, buscar información, visitar huertos... pero, sobre todo, me planteaba, ¿seré capaz? Entonces, pensé que el mercado nos ofrece productos baratos y con buena pinta en cualquier momento del año, pero llenos de pesticidas, con un crecimiento forzado y bajo valor nutritivo. Yo podía conseguir algo mejor. Hay mucha gente que no recuerda a qué sabe la verdura 'de verdad', si se lo muestro, podré ganarme la vida con ello".

Manos a la tierra

Óscar reside desde hace más de diez años en un pueblo abulense, de buenas tierras y clima no demasiado frío, en el que el campo se ha reducido a su uso ganadero. "Pero yo quería un huerto natural y gallinas", explica. Sin embargo, en su familia no ha habido agricultores desde sus bisabuelos maternos, así que emprendió una senda de formación alternativa y autodidacta. "Empecé a cultivar en el huerto de un amigo, a empaparme del conocimiento de los lugareños, a indagar cómo se hacían antes las cosas por aquí. Y resulta que todo es más sencillo con los métodos antiguos que con los modernos".

Tras un tiempo de aprendizaje, consiguió en cesión un terreno en el que comenzar su proyecto. Él solo, con la única ayuda de algunos amigos y familiares, se puso manos a la obra y limpió y desbrozó, levantó muros de piedra caídos, restauró antiguos habitáculos de pastores y volvió a dar vida a la tierra. Donde solo había malas hierbas hoy se alzan lechugas, pimientos, berenjenas y su producto estrella: el tomate.

"Actualmente tengo un huerto con más de 3.000 metros plantados y un gallinero con 35 aves. Mi objetivo es producir hortalizas, verduras y huevos ecológicos para unas cuantas familias que, como yo, quieren comer sano, natural y sostenible. Es cierto que es un trabajo duro, pero también es muy reconfortante cuando ves que la puesta de tus gallinas es del 100 % prácticamente a diario y que, de más de 200 tomateras plantadas, solo se ha muerto una".

Huerto de Oscar

Huerto de Óscar

Técnicas de antaño

El hombre dejó de ser nómada con el descubrimiento de la agricultura y, ¿qué necesitaba? Tierras fértiles, agua y sol. Partiendo de esta premisa, Óscar solo emplea esos recursos, sus manos, aperos de labranza "y una pequeña moto-azada de gasolina, aunque me encantaría tener un burro". Lo que no utiliza son insecticidas, herbicidas o fertilizantes en sus plantas, ni jaulas, luz forzada o pienso de engorde para las gallinas.

Se le iluminan los ojos hablando de ellas, ha descubierto que son más inteligentes y cariñosas de lo que esperaba: "Son animales de cuidados muy básicos pero necesarios: agua limpia y un espacio amplio al aire libre en el que pasear, escarbar y tomar baños de arena y sol. Y la comida. El grano ecológico del que se alimentan no es barato ni fácil de encontrar, porque en España casi todo es transgénico. Pero lo cierto es que la opción existe y la diferencia se aprecia desde el momento en el que abres un huevo y ves su color: amarillo, no naranja como los de supermercado".

La industrialización de todos los procesos agropecuarios ha llevado a un uso masivo de químicos, antibióticos y procedimientos antinaturales que hace años ni siquiera se contemplaba. Pero, afortunadamente, cada vez más personas piensan como Óscar: "Estamos viviendo el auge del movimiento neo-rural, que tiene que hacer que todos nos planteemos si lo mejor es lo más moderno o si nuestros antepasados ya descubrieron la manera óptima de hacer las cosas. Creo que en estos momentos debemos dar algunos pasos hacia atrás y recuperar lo perdido".

Oscar García

Óscar García

Cambio de vida

Óscar lleva más de un año poniendo todo su empeño para que este proyecto de vida salga adelante. La vuelta al campo le ha resultado más acogedora de lo que esperaba. "Ahora trabajo muchas más horas y realizo un esfuerzo físico mayor. Llego cansado al final del día, pero veo lo que he conseguido y me reconforta. No echo de menos las jornadas de ocho horas, los atascos, las reuniones, las prisas y los agobios. Ha sido mi mejor decisión, no cambio esto por nada".

Dentro de esta iniciativa que ha emprendido, no solo tiene como objetivo comercializar sus productos entre un grupo de familias y vivir de ello, pretende aportar su granito de arena para que su huella, su impacto sobre el planeta, sea menor: "Como humanos, es nuestra obligación dejar esto mejor de lo que lo encontramos, pero se nos ha olvidado que somos la especie animal más inteligente, solo queremos amasar dinero a costa de lo que sea". No es 'hippismo', es conciencia.

Y, ¿cómo espera este hombre competir con las verduras asequibles y disponibles todo el año que abarrotan el mercado? "Por favor, prueba este tomate, si en el primer bocado no vuelves a tu infancia o no disfrutas de su sabor... no me lo compres". Lo tiene tan claro, que te convence. Después de una larga conversación a la sombra de un olivo, donde solo se escucha algún pájaro y un sutil cacareo, donde solo huele a campo y tierra húmeda, casi te dan ganas de quedarte allí.

Texto y fotos: Esther Ortega Angulo 

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