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Joan Miró, el color de los sueños

París rinde homenaje a Miró con una retrospectiva de su obra en el Grand Palais

exposicion

Bajo el título 'Miró, la coleur de mes rêves' (Miró, el color de mis sueños), París rinde homenaje a uno de los tres grandes artistas españoles del siglo XX junto a Pablo Picasso y Salvador Dalí. La exposición reúne más de 150 obras del pintor, escultor y ceramista, procedentes de museos y colecciones privadas de todo el mundo, casi medio siglo después de la última retrospectiva del autor en París, también en el Grand Palais, en 1974, cuando todavía estaba vivo.

A principios de octubre, los reyes de España, Felipe y Letizia, visitaron la exposición del artista catalán en París. Acompañados del presidente francés, Emmanuel Macron, y de su esposa, Brigitte, los monarcas recorrieron los 70 años de creación de Miró.

"En esta retrospectiva de 2018 en el Grand Palais, el visitante seguirá casi 70 años de trabajo. Miró estuvo probablemente marcado por 50 años de historia forjada por dos guerras mundiales. Estos acontecimientos considerables, la interrogación que tiene sobre los hombres, sobre él mismo y sobre su tierra han animado su trabajo", resume Jean Louis Prat, que fue amigo del artista y es el comisario de una exposición abierta al público hasta el 4 de febrero de 2019.

Miró fue uno de los máximos exponentes del surrealismo, pero la exposición muestra todas las corrientes en las que se sumergió, desde el fauvismo al expresionismo, pasando por el cubismo y el período detallista. "Miró se fijó en muchas escuelas, pero no quiso quedar encasillado en ninguna", explica Jean Louis Prat.

El artista nacido en Barcelona vuelve de esta forma a París, donde vivió casi dos décadas antes de instalarse en España, para pasar la última época de su vida en Mallorca, donde el diseñador del cartel del Mundial de fútbol España-82, fallecería en 1983, a los 90 años de edad.

Visitantes contemplando “La Masia”

Visitantes contemplando “La Masia”

"Miró en el Grand Palais, toda la poesía del arte", titulaba en un artículo el prestigioso diario francés Le Figaro. Y es que el creador catalán era tan poeta como escultor o pintor. "Para mí, una pintura debe emitir chispas. Debe deslumbrar como la belleza de una mujer o un poema", dijo una vez.

"Cuando me coloco delante de un lienzo, no sé nunca lo que voy a hacer. Y yo soy el primer sorprendido de lo que sale. Trato de aplicar colores como palabras que forman poemas, como notas que forman música", fue otra de sus frases.

Como un poema, la exposición va evocando verso a verso toda la originalidad de su obra. Su paleta estaba siempre dispuesta a buscar nuevas formas. "La gente entenderá cada vez más que traté de abrir puertas a un nuevo futuro, contra todos los conceptos erróneos, contra todos los fanatismos", dijo en otra ocasión.
En los años 1920 se trasladó a París, instalándose en el número 45 de la rue Blomet, en el distrito XV de París, donde coincidió con el escultor español Pablo Gargallo. Y esos años los recuerda con cariño y emoción en vídeos en la exposición, calificándolos como decisivos en su vida artística. "Si hay algo importante en la vida como artista de mi abuelo, fue París. Esta ciudad hizo que se convirtiera en un genio del siglo XX junto a Picasso y Dalí", afirma su nieto, Joan Punyet Miró.

En los años 1930, en París, con el ascenso del fascismo en Europa, sus pinturas evocaron la tensión social del momento. Miró contribuyó al pabellón de la República española en la Exposición Universal de París de 1937 con una monumental obra que estuvo expuesta junto al Guernica de Picasso, pero de la que nunca más se supo tras la clausura de aquel evento, sin pistas sobre cómo desapareció y qué es de ella.

En esta retrospectiva en el Grand Palais, numerosas escuelas de primaria y secundaria de París han decidido acercar a niños y adolescentes a la obra del genial artista. Y es que "Miró gusta tanto a los adultos como a los niños", escribía el diario Le Parisien en su reseña de la exposición.

visita de estudiantes

Numerosas escuelas de París han decidido acercar a niños y adolescentes a la obra de Miró

Miró fue tocando en su carrera muchas corrientes, y una de ellas fue la llamada 'período detallista', a la que pertenece una de las obras más comentadas en la exposición, como fue 'La Masía', la finca familiar que tenía su familia en Montroig, un pueblo de la provincia de Tarragona. Tras comenzar a pintarla en Cataluña, esta obra, que terminó en sus primeros años en París, a principios de los años 1920, fue comprada después por el escritor estadounidense Ernest Hemingway, cuya familia la cedió a la National Gallery of Art, de Washington. "Quise poner todo lo que me gustaba del campo en ese óleo, desde un árbol enorme a un diminuto caracol", señaló Miró en su día sobre La Masía.

Hemingway pagó 5.000 francos franceses por aquel cuadro, el equivalente a 880 dólares o 762 euros. "No hubiera pagado esa cantidad por ninguna otra pintura en el mundo. Pero esa obra tenía todo lo que sientes por España cuando estás allí y también lo que sientes cuando estás lejos y no puedes ir. Nadie fue capaz de pintar estas dos sensaciones", dijo el escritor norteamericano.

Poco después de haber pintado 'La Masía', Miró, que dividía su tiempo entre su estudio en París y Montroig, seguía tratando de detallar la esencia de los paisajes catalanes. Pero se había hecho muy amigo en la capital francesa del poeta y escritor André Breton, que le introdujo en el surrealismo, una respuesta artística al poder de los sueños y el subconsciente, que influyó en la obra de Miró desde la mitad de la década de los 1920.

Casi un siglo después, Joan Miró fue homenajeado por París, en el Grand Palais, a solo 3 km de su taller en la capital francesa. "Miró soñaba trabajando y nos permitió soñar con él, al inventar un mundo que solo él era capaz de inventar", resumió su amigo y comisario de la exposición, Jean Louis Prat.

Texto y fotos: Pablo San Román 

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