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Cambio climático: una realidad ya

Fenómenos meteorológicos violentos, desertización, aumento del nivel del mar…las consecuencias del cambio climático son una realidad y sus efectos son visibles por todo el mundo. Combatirlo es un reto global, que no tiene fronteras y que necesita de acciones comunes y coordinadas a pequeña y gran escala

Cambio climático

"La ciencia es clara: si no reducimos rápidamente las emisiones de dióxido de carbono y de otros gases de efecto invernadero, el cambio climático tendrá efectos cada vez más destructivos e irreversibles en la vida en la Tierra". Con estas palabras, el secretario general de la Organización Meteorológica Mundial, Petteri Taalas, alertaba a finales del pasado año al mundo sobre la urgencia de un problema que lleva camino de convertirse en la mayor amenaza a la que se enfrenta la humanidad.

El cambio climático es, básicamente, la variación global del clima de la tierra debido a causas naturales y a la acción del hombre, que provocan el calentamiento global, es decir, el aumento de la temperatura del planeta.

El calor del sol se retiene en la atmósfera por una capa de gases que provocan un efecto invernadero entre los que se encuentran el dióxido de carbono, el óxido nitroso y el metano. Este efecto invernadero es un proceso natural que permite al planeta mantener las condiciones necesarias para la vida.

Por este sistema, la tierra siempre se ha calentado y enfriado en otras ocasiones, pero de forma natural, con ciclos mucho más lentos que necesitaban de millones de años. El problema actual está en que las actividades del ser humano aumentan la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera-sobre todo de dióxido de carbono (CO2)-, y ésta retiene más calor del necesario, provocando que la temperatura media del planeta aumente.

Estos gases son liberados por la industria, la agricultura y la utilización de combustibles fósiles. El mundo industrializado ha conseguido que la concentración de estos gases haya aumentado un 30% desde finales del siglo pasado cuando, sin la actuación humana, la naturaleza se encargaba de equilibrar las emisiones.

Los bosques y los océanos son sumideros de carbono que absorben el CO2 y los bosques además devuelven oxígeno a la atmósfera, por lo que la deforestación y la destrucción de los ecosistemas marinos son otras de las causas que provocan el calentamiento global. Además, una población cada vez más numerosa necesita más recursos, lo que acelera el aumento de la emisión de gases de efecto invernadero en todos los procesos de producción.

Todo ello ha provocado que el planeta haya entrado en lo que parte de la comunidad científica ha denominado el Antropoceno: una nueva era que comenzó con la Revolución Industrial a finales del siglo XVIII y que es consecuencia del gran impacto global que las actividades humanas están teniendo sobre los ecosistemas terrestres.

Entre los efectos del cambio climático destaca el derretimiento de la masa de hielo en los polos, que provoca el aumento del nivel del mar, lo que produce inundaciones y amenaza las costas.

Por otro lado, esta situación influye también en la progresiva desertización, extinción de especies, el aumento en el grado de acidez en los océanos, que provoca la muerte y enfermedad de organismos submarinos.

El cambio climático también provoca la aparición de fenómenos meteorológicos más violentos, sequías, incendios, la muerte de especies animales y vegetales, los desbordamientos de ríos y lagos y la destrucción de los medios de subsistencia y de los recursos económicos, especialmente en países en desarrollo.

En sí, el cambio climático no se puede evitar, pero se pueden reducir sus efectos, mediante la aplicación de medidas a pequeña y gran escala que ayuden a frenarlo. Estas acciones se conocen como medidas de mitigación y adaptación al cambio climático.

La mitigación consiste en poner en marcha acciones para reducir y limitar las emisiones de gases efecto invernadero con el objetivo de evitar que la temperatura global del planeta siga aumentando. Estas acciones consisten en una mayor inversión en energías renovables, una transición hacia una economía baja en carbono, promover la eficiencia energética, la electrificación de procesos industriales o la implementación de medios de transporte eficientes.

Para la adaptación, son también necesarias medidas como la reforestación y restauración paisajística, el tratamiento y depuración del agua o el cultivo flexible y variado. Es imprescindible además un aumento en la inversión en investigación y desarrollo sobre el comportamiento de la temperatura y poder estar preparados y prever catástrofes naturales y fenómenos atmosféricos adversos.

Acciones internacionales

Para combatir el cambio climático es indispensable la investigación y la colaboración internacional. El IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático), se dedica a evaluar los impactos del ser humano en el clima y propone posibles soluciones.

Aparte, existen acuerdos y tratados globales como las Conferencias de las Partes, un encuentro anual en el que se deciden acciones que los estados miembros pueden tomar para descarbonizar la economía y ayudar a países en desarrollo.

Uno de los ejemplos más claros de colaboración internacional exitosa en favor del medio ambiente es el Protocolo de Montreal. En 1989 entró en vigor este acuerdo que sirvió para erradicar el uso de clorofluorocarbonos para la refrigeración. Gracias a ello, el agujero de la capa de ozono se ha reducido en más de 4 millones de kilómetros cuadrados en los últimos años.

La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), es el principal acuerdo internacional sobre acción por el clima. Fue uno de los tres convenios adoptados en la Cumbre de la Tierra celebrada en Río en 1992. Hasta la fecha ha sido ratificada por 195 países y se inició como medio de colaboración de los países para limitar el aumento de la temperatura mundial y el cambio climático y hacer frente a sus consecuencias.

El Consejo trata dos asuntos relacionados con la CMNUCC: la ratificación de la enmienda de Doha al Protocolo de Kioto, relativa a los compromisos del segundo periodo, que transcurre de 2013 a 2020; y el Acuerdo de París, un nuevo acuerdo mundial firmado en 2015 sobre el cambio climático que incluye a todos los países de la CMNUCC que establece un plan de acción mundial que pone el límite del calentamiento global muy por debajo de 2 ºC.

El Protocolo de Kioto se aprobó por los firmantes de la CMNUCC en 1997 y en él se introducían objetivos jurídicamente vinculantes de reducción de emisiones para los países desarrollados.

El segundo periodo de compromiso del Protocolo de Kioto comenzó en enero de 2013 y finalizará en 2020. Participan en él 38 países desarrollados, incluida la Unión Europea y sus 28 Estados miembros. A este segundo periodo se aplica la enmienda de Doha, con arreglo a la cual los países participantes se han comprometido a reducir las emisiones en un 18 % como mínimo con respecto a los niveles de 1990. La UE se ha comprometido a reducir las emisiones en este periodo en un 20 % por debajo de los niveles de 1990.

La principal carencia del Protocolo de Kioto radica en que únicamente obliga a actuar a los países desarrollados. Dado que los Estados Unidos no firmaron el Protocolo de Kioto, que Canadá se retiró antes del final del primer periodo de compromiso y que Rusia, Japón y Nueva Zelanda no participan en el segundo periodo, ahora sólo se aplica a aproximadamente el 14 % de las emisiones mundiales. Con todo, más de 70 países desarrollados y en desarrollo han asumido varios compromisos no vinculantes de reducción o limitación de sus emisiones de gases de efecto invernadero.

Como resultados de muchas de estas iniciativas, el informe de Tendencias Globales de Inversión en Energía Renovable publicado por el Programa para el Medio Ambiente de Naciones Unidas en 2018, destacaba que la energía solar se convirtió en 2017 en el sector donde más aumentó la capacidad para producir electricidad y que el incremento de sus inversiones creció más que el de resto de fuentes de energía, incluidas las de los combustibles fósiles.

El informe revela un incremento notable de la inversión en las energías renovables. De hecho, según las cifras del informe, desde 2004, el mundo ha invertido 2,9 billones de dólares en ellas. La causa principal reside en la reducción continuada de los costos de la electricidad solar y, en cierta medida, de la eólica.

Según el informe, ha aumentado del 5,2 % al 12,1 % la proporción mundial de electricidad generada por energía eólica, solar, geotérmica, marina, de biomasa o por conversión de residuos a energía, y de pequeñas centrales hidroeléctricas. Ese aumento en la proporción de electricidad ha supuesto que se evitasen 1,8 gigatoneladas de emisiones de dióxido de carbono.

En España

Diferentes organismos trabajan en España con un objetivo claro: asegurar el cumplimiento del Acuerdo de París de lucha contra el cambio climático y garantizar la total descarbonización de la economía española en la segunda mitad del siglo XXI.

Partiendo del Ministerio para la Transición Ecológica, los principales organismos implicados son la Oficina Española de Cambio Climático, el Consejo Nacional del Clima, la Comisión de Coordinación de Políticas de Cambio Climático y la Comisión Interministerial para el Cambio Climático.

La Ley de cambio climático y transición energética que prepara el Gobierno es el eje principal de las actuaciones diseñadas. Así, en 2030 el Ejecutivo quiere que las emisiones de gases de efecto invernadero se reduzcan un 20% respecto a 1990, que el sistema eléctrico cuente con un 70 % de generación a partir de energías de origen renovable y mejorar la eficiencia energética.

Para 2050 las emisiones de gases invernadero se deberían reducir un 90% respecto a los niveles de 1990 y el sistema eléctrico se debería basar exclusivamente en fuentes renovables.

El Gobierno impedirá en 2040 la matriculación y venta en España de turismos y vehículos comerciales ligeros con emisiones directas de dióxido de carbono, es decir, todos los diésel, gasolina, híbridos o los propulsados por gas.

Según las previsiones con las que trabaja el Gobierno, en el año 2050 estaría prohibida la circulación de todos los turismos que emiten de forma directa dióxido de carbono.

Desde el Ministerio para la Transición Ecológica, se ha asegurado que esta ley irá acompañada de varios instrumentos de planificación “transversales” como los Planes Nacionales Integrados de Energía y Clima o las Estrategias de Bajas Emisiones a 2050 de la economía española.

Para la ministra Teresa Ribera, la transición ecológica en España movilizará más de 200.000 millones de euros de inversión en la próxima década, de los que el 80% corresponderán a inversión privada y el 20% a pública.

“España-asegura Ribera-, cuenta con un sector financiero y empresarial fuerte y con gran experiencia, que parte muy bien posicionado para aprovechar las oportunidades de la transición hacia un nuevo modelo de desarrollo que ya está teniendo lugar a nivel global”.

Destacar el evento de alto nivel sobre Transición Ecológica, que tendrá lugar en Madrid en enero, organizado por el Ministerio para la Transición Ecológica y que contará con la participación de los más destacados expertos a nivel internacional en cambio climático y desarrollo sostenible. En él se discutirán las principales acciones dentro de la agenda global hacia un nuevo modelo de desarrollo más justo y equitativo, que permita combatir el cambio climático y alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible.

Fernando Díaz

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