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Asier Cirión: “El tratamiento precoz del VIH impide la transmisión de la infección”

Este vizcaíno dirige desde 2014 su propio grupo de investigación sobre VIH en el Instituto Pasteur de París.

Foto de Asier Saez Cirión en la puerta del Instituto Pasteur de París

Asier Saez Cirión en la puerta del Instituto Pasteur de París

Asier Sáez Cirión creció a la sombra del Puente Colgante de Portugalete, a pocos kilómetros de Bilbao, con la idea de ser científico. Cuando era estudiante tenía claro que quería enfocar su carrera hacia el VIH. Tras graduarse en bioquímica y obtener un doctorado por la Universidad del País Vasco, se marchó a Washington, a la Agencia Estadounidense del Medicamento, donde continuó su formación y sus investigaciones. Después aterrizó en París en 2003 para integrar la Unidad de Biología de los Retrovirus del prestigioso Instituto Pasteur, dirigida por Françoise Barré-Sinoussi, Premio Nobel de Medicina en 2008 por el descubrimiento hace 36 años del virus de inmunodeficiencia humana (VIH), causante del SIDA. Desde 2014 dirige su propio grupo de investigación en el centenario organismo francés. A sus 43 años es además presidente del comité científico y médico de Sidaction, una asociación francesa de lucha contra esta enfermedad y coordinador del programa de la agencia francesa de investigación sobre el SIDA (ANRS) sobre remisión de la infección por el VIH

¿Cuáles son los objetivos que se marcan los investigadores del virus del Sida?

Yo, personalmente, no me marco muchos objetivos futuros. Siempre tenemos unos objetivos tangibles a dos o tres años, en lo que estamos trabajando en ese momento, pero sin fijarme un techo de que de aquí a cinco años tengo que lograr tal cosa. Dejamos las cosas progresar, pero nuestros objetivos o ejes de la investigación se dejan llevar mucho por la curiosidad, por dónde van llevándonos nuestros resultados. Lo que sí que está claro es que ahora creo que estamos muy cerca de aplicar o de evaluar en vivo todo el conocimiento que hemos ido generando durante los más de quince años que llevo trabajando en el Pasteur. Tenemos pistas muy precisas que merece la pena explorar.

¿En qué momento se encuentra la lucha contra el Sida a nivel mundial?

Probablemente estamos en un momento crucial en el sentido de que tenemos una oportunidad muy importante para poder acabar con la epidemia y tenemos que saber utilizarla y aprovecharla. Tenemos todas las herramientas para acabar con la epidemia, hemos progresado en cuanto a diagnóstico, prevenciones, tratamiento y ahora estamos viendo progresos enormes en cifras globales de disminución de nuevas infecciones o del número de muertes por VIH. Las cifras son muy espectaculares pero creo que hay que ser conscientes de que todo eso es relativo. Cada año hay millones de personas que afortunadamente van a tener un acceso al tratamiento, pero sin embargo sigue habiendo un millón de muertes al año y si nos fijamos en un contexto más reducido, casi ideal, como puede ser en Francia, donde el tratamiento está disponible para todos, al estar incluido en la cobertura de la seguridad social, desde hace diez años no hemos progresado. Sigue habiendo el mismo número de infecciones y de personas que inician tratamiento porque hemos llegado a una fase de estancamiento, lo que nos puede mostrar cual es el futuro de le epidemia global si no hacemos algo más.

¿Por qué sigue habiendo cifras importantes de gente infectada?

Tenemos las herramientas para poder enfrentarnos y acabar con la epidemia, pero ya no depende tanto del laboratorio sino de una apuesta social para acabar con ella. Tenemos dos tipos de barreras. Una es claramente biológica, con las células infectadas. Los tratamientos retrovirales bloquean la multiplicación del virus pero no eliminan las células infectadas, que pueden perdurar décadas bajo el tratamiento, formando unos reservorios que provocan esta multiplicación o rebrote. Otra barrera es el estigma y la discriminación que aún están asociados a esta infección o a los colectivos más afectados por la infección. Esto dificulta o incluso impide el acceso al diagnóstico y a los tratamientos.

Se dice que se mantiene la cifra de 35 millones de personas infectadas por el VIH en el mundo y que uno de los objetivos entre los investigadores era tener controlada la epidemia en 2030.

Existe un objetivo global para que en 2030 se pueda controlar la epidemia y había un primer objetivo que era que en 2020 el 90 por ciento de la gente infectada conociera su estatus, recibiera un tratamiento y estuviese controlada. Ese podría ser un buen punto de partida, pero a mí me parece que va a ser insuficiente. El problema va a ser ese diez por ciento restante. La realidad es que hoy es bastante tardío el tratamiento de los infectados por VIH. El tratamiento precoz tiene muchas ventajas. En algunos casos puede favorecer la remisión, desde un punto de vista clínico disminuye el número de células infectadas y se preserva el sistema inmunitario. El tratamiento precoz impide la transmisión de la infección y ese es el punto clave. Aunque llegamos al noventa por ciento de identificación de la infección, el diez por ciento que resta tiene casi siempre una infección aguda y es cuando más riesgo de transmisión hay. Si todo el mundo tuviera un tratamiento, controlaríamos las infecciones. Existe también el riesgo en los tratamientos de que se empiecen a acumular casos de resistencia viral, y lo vemos en que el porcentaje de virus que tienen resistencia a estos tratamientos retrovirales ha crecido en los últimos diez años. Eso puede implicar que los tratamientos que son muy eficaces ahora, como pueden ser los antibióticos, pueden no serlo en un futuro próximo.

¿Mientras la ciencia sigue avanzando en su lucha e investigación, tal vez ha existido un poco de relajación de la sociedad en cuanto a prevención y educación?

En zonas donde hay recursos, donde el tratamiento está más controlado, en que ya no se registran tantas muertes por VIH, se produce a veces una banalización de la infección. He tenido ocasión de discutir con grupos de chavales o jóvenes sobre lo que saben del VIH. Hay una proporción inquietante de desconocimiento, de pensar que el tratamiento retroviral cura, de que si te tomas una pastilla vas a eliminar el virus. Lo banalizan en ciertos aspectos, pero estaría bien recordar qué es lo que implica estar infectado por VIH. La gente lleva una vida prácticamente normal, pero existe una mochila que debes llevar durante toda tu vida y que no es fácil de llevar.

¿Qué le sugiere el hecho de que científicos españoles de prestigio como usted trabajen en otros países?

A mí no me parece mal salir para tener otras experiencias. Puedes visitar otros laboratorios para enriquecerte. Es importante porque te va a dar una experiencia que va a ser clave para desarrollar tu investigación. Pero luego se trata de una cuestión de medios, de recursos para realizar la investigación. Cuando veo el trabajo de colegas míos en España, me provoca mucha admiración, vistos los medios que hay. No es que los franceses o americanos sean más tontos o más listos. No es una cuestión de suerte que científicos franceses, británicos o alemanes sean galardonados frecuentemente con un premio Nobel, es de apuesta e inversión. En España, cuando ha habido apuestas, no ha sido en la continuidad. Se necesita una verdadera apuesta, una verdadera implicación, que pueda dar réditos y puede contribuir al desarrollo de un país.

¿No se ha planteado volver a España?

Me lo llegué a plantear. Hace un par de años tuve una propuesta para volver en un laboratorio importante, una buena oportunidad, que al final rechacé, pues ya no busco un empleo, sino tratar de ser lo más eficaz posible y ahora creo que aquí puedo serlo. No tengo claro que pudiera serlo de la misma forma en España, ya solo con el tiempo que me llevaría montar todo el trabajo que nosotros hacemos en un laboratorio. Tengo un contexto ideal en el Pasteur. Digamos que no tengo una necesidad de volver a no ser que sea una necesidad afectiva.

¿Piensa seguir mucho tiempo en la investigación del VIH?

Si las cosas van bien, no debería acabar mi carrera trabajando sobre VIH, porque me parece que sería un fracaso. Ya tenemos las herramientas necesarias para acabar con la epidemia y tratamos de encontrar atajos para lograrlo antes. Espero que en el futuro nuestro trabajo no sea necesario sobre el VIH y que abramos puertas para combatir otro tipo de enfermedades.

¿Se puede erradicar el VIH?

Erradicarlo completamente lo veo muy difícil, porque las células infectadas en el organismo, alcanzan a las células de la inmunidad y se mueven por todo el organismo. Lo que pensamos que es posible es poder disminuir el número de células infectadas y poder controlarlas luego sin tratamiento durante un periodo muy largo, de décadas. Hablar de erradicación del virus en un paciente me parece complicado. Desde el punto de vista de la epidemia, poder controlarla y bloquearla creo que es algo que sí podríamos hacer porque tenemos las herramientas, que cada vez son más sofisticadas. Pero tenemos que acabar con esas barreras sociales y socio-económicas que nos impiden bloquear completamente la epidemia.

¿Se puede encontrar una vacuna?

Si tuviéramos una vacuna protectora, tendríamos el recurso último para poder bloquear la infección. Sabemos más o menos el tipo de respuestas inmunitarias que tendrían que inducir esas vacunas. Eso es algo novedoso porque hace unos pocos años no lo sabíamos. Ahora sabemos lo que estamos buscando. Tengo una esperanza de que se consiga, pero no sé en qué plazo de tiempo y no sé con qué vacuna.

Texto: Pablo San Roman
Fotos: Pablo San Román e Institut Pasteur

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