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El reto demográfico

El mundo actual se enfrenta a un incremento notable de la población y a una disminución de los recursos. Diversas instituciones lo estudian y plantean soluciones

Mujeres llevando agua

Mujeres llevando agua en recipientes sobre sus cabezas mientras caminan por la carretera de polvo rojo

La manifestación de la “España deshabitada” por las calles madrileñas esta primavera de 2019 ha puesto de actualidad una de las consecuencias que los cambios demográficos causan en ámbitos tan dispares como el mundo rural, el sostenimiento de las pensiones, la atención sanitaria, el cuidado de personas mayores, el empleo de los jóvenes o el modelo de trabajo.

Este año, por primera vez en la historia de la humanidad, habrá en el mundo más habitantes mayores de 25 años que menores de cinco (The Economics). La esperanza de vida al nacer ha pasado de 52 años y medio en 1960 a 72 años en 2016 (Banco Mundial). En 2017 la población mundial de migrantes es de 257.715.425 personas (IOM). La población urbana suponía un tercio del total en 1960, en 2017 supone casi el 55% y se prevé que en 2050 llegue al 66% (ONU). El número de refugiados en el mundo ha pasado de 1 millón y medio en 1960 a 25,4 millones en 2017 (UNHCR). Se espera que la población total del planeta alcance en 2050 los 9.700 millones de habitantes (Migration Data Portal).

Estas cifras dan cuenta de la magnitud de los movimientos demográficos que se vienen desarrollando en el mundo en los últimos decenios y a los que es preciso hacer frente ya en el presente y desde luego en un futuro inminente. El cambio demográfico constituye uno de los grandes ejes en torno a los que gira el mundo del siglo XIX, esas megatendencias de nuestro tiempo de las que hablan los expertos: el fin de la “era carbónica” (léase petróleo), la hegemonía de los países del Pacífico, el fin de la era industrial, la mundialización del comercio, el crecimiento de las ciudades y, por supuesto, el cambio climático.

Los movimientos demográficos tienen una dimensión planetaria en la que confluyen, como causas y efectos, factores como las tasas de natalidad y mortalidad, el acceso a métodos anticonceptivos, el suministro de agua corriente, las condiciones de empleo, el sistema de asistencia sanitaria, el calentamiento global, las guerras y otros conflictos armados (terrorismo, narcotráfico, persecuciones) y, quizá el más esencial, el desequilibrio de riqueza y desarrollo económico entre unos territorios y otros, eso que se ha dado en llamar desigualdad.

Pudong Shanghái: 23 millones habitantes

Pudong, Shanghái. Una urbe de más de 23 millones de habitantes

En busca de soluciones

Si bien todos los países del mundo están afectados por el cambio demográfico, no lo están todos de la misma forma. El rápido crecimiento de la población en ciertas partes del mundo en desarrollo es compatible con la disminución, a escala mundial, de la tasa de crecimiento demográfico. Al problema demográfico de alimentar a 2.500 millones de bocas más a mediados de siglo, según los cálculos de las Naciones Unidas, se superpone la existencia de grandes bolsas de decadencia demográfica. Como señala el profesor Bjørn Lomborg, del Centro del Consenso de Copenhague, “en los países desarrollados, no solo está aumentando el porcentaje de personas de edad avanzada, sino que, además, los nacimientos son demasiado pocos para mantener el tamaño de la población total". El loable aumento de la esperanza de vida, que obliga a un número cada vez menor de personas en edad de trabajar a sostener a un número cada vez mayor de jubilados, es paralelo a la existencia de numerosos jóvenes y ciudadanos en edad de trabajar que carecen de empleo o de empleo de calidad en los países en desarrollo. Según Lomborg, “esas tendencias opuestas brindan una oportunidad ideal para un reequilibrio demográfico mundial. Relajando las restricciones de la migración, los países desarrollados podrían aumentar sus fuerzas laborales en disminución con jóvenes de los países en desarrollo. Los impuestos de esos trabajadores migrantes ayudarían a los países desarrollados a financiar los servicios prestados a las personas de edad avanzada y sus transferencias ayudarían a sus países de origen”.

Si bien planteamientos como los de este Centro y otros similares, que destacan los posibles beneficios de los desequilibrios demográficos, adolecen de una perspectiva en exceso teórica, el reto demográfico forma parte desde hace tiempo de la agenda de debate de los organismos internacionales. El G20 (cuyos miembros representan el 85% del producto bruto global, dos tercios de la población mundial y el 75% del comercio internacional), ha abordado los desafíos comunes que plantea el “envejecimiento activo” esta situación: financiación de las pensiones, costes de la asistencia sanitaria, participación en el mercado laboral de los mayores, superación de la brecha digital, oportunidades de empleo para los jóvenes (la llamada silver economy), etc.

Para implementar los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, la ONU recomienda aumentar las inversiones en infraestructura rural y reforzar los vínculos económicos, sociales y ambientales entre las zonas urbanas y rurales. La OECD alerta a los países miembros sobre los problemas derivados de la creciente longevidad de sus habitantes: aumento de las discapacidades por el envejecimiento, mayor demanda de atención geriátrica, imposibilidad de las familias de atender a sus mayores. El Fondo Monetario Internacional, como es lógico, ha puesto el foco en los efectos de la transición demográfica actual sobre el ahorro, las inversiones y flujos de capital, así como en los niveles de riesgo asociados a cada país y al crecimiento de la productividad en los países en desarrollo. La OIT en cambio se centra en sus informes en la organización de los trabajos de cuidado de mayores y en las acciones que contribuyen a la creación de empleo digno en este ámbito. La Unión Europea, en fin, en el Pilar Europeo de Derechos Sociales, afirma el derecho de toda persona a los recursos que garanticen una vida digna en su vejez y la Comisión Europea ha presentado varias iniciativas sobre la Smart Silver Economy.

Sequía y Desertización

La sequía y la desertización son una cusa fundamental de las migraciones

Abandono y envejecimiento

La población residente en España a 1 de enero de 2018 era de 46.659.302 personas, se elevará a 49 millones en 2033 y descenderá a 48,5 millones en torno a 2068. Este parco crecimiento demográfico es posible gracias a un saldo migratorio positivo (entradas – salidas), pues el saldo vegetativo (nacimientos – defunciones) se mantiene en cifras negativas a lo largo de todo el período. La esperanza de vida al nacer se situará en torno a 85/90 años en 2050. En las localidades de menos de 1.000 habitantes el 10% de la población son los mayores de 80 años. Casi la mitad de los municipios españoles están por debajo de los 12,5 habitantes por kilómetro cuadrado. Por cada español menor de 15 años hay 1,2 mayores de 65 y en 400 pueblos no hay ni un solo menor de 15 años. En 2066, uno de cada tres españoles tendrá más de 65 años. Estas cifras y proyecciones del INE ponen de manifiesto un cambio demográfico, resultado de factores tan diversos como la baja tasa de natalidad, el incremento de la esperanza de vida o la llegada de migrantes, que acarrea consecuencias como el envejecimiento de la población, la despoblación del mundo rural o la “gentrificación” de las ciudades.

España comparte pues con otros países desarrollados el grave problema del desequilibrio de la pirámide poblacional (es decir, el envejecimiento), además de un acentuado desequilibrio demográfico territorial (dispersión y baja densidad por un lado y sobrepoblación estacional por otro). Desde hace décadas, la España interior se vacía en verano y los destinos de playa soportan un desmesurado aluvión estival; la Vía de la Plata se viene desangrando en las comarcas de ambos lados de la frontera a un ritmo sostenido; desde hace años, los portales de turismo digital ofrecen una ruta por los pueblos abandonados de Soria; los niños que proclamaban en 1.999 que “Teruel existe” hace tiempo que tuvieron que abandonar su tierra; cientos de pueblos de la Meseta y de Aragón, que nunca tuvieron industria de ningún tipo, carecen ahora de servicio médico, de escuela, de horno, de tienda y hasta de bar. Hay pueblos de los que sólo quedan ruinas y las tumbas del cementerio.

Por ello, la Conferencia de Presidentes de 17 de enero de 2017 acordó la elaboración de una Estrategia Nacional frente al Reto Demográfico y el impulso de medidas específicas para afrontarlo y el 27 de enero se creó la figura del Comisionado del Gobierno frente al Reto Demográfico, con el fin de elaborar esa Estrategia. El pasado mes de marzo el Consejo de Ministros ha acordado las directrices generales de la Estrategia Nacional frente al Reto Demográfico, que incluye un diagnóstico demográfico y territorial y propone ejes transversales de actuación para luchar contra el envejecimiento y la despoblación y lograr un mayor equilibrio entre el mundo rural y urbano. A este objetivo contribuye la Estrategia de digitalización del sector agroalimentario y forestal y del medio rural, en la que se definen las líneas, las medidas y los instrumentos para reducir la brecha digital y “contribuir así al poblamiento activo y estable de la España rural”.

En respuesta al desafío demográfico, el Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social promueve actuaciones en torno a tres grandes líneas:

  • Igualdad de mujeres y hombres en el mercado de trabajo y en el sistema de protección social.
  • Sostenibilidad del sistema de la Seguridad Social, y particularmente de las pensiones públicas.
  • Lucha contra la precariedad y mejora de la calidad en el empleo.

En torno a estos ejes se han articulado iniciativas como la elevación gradual de la edad de jubilación, el complemento de maternidad para reducir la brecha en las pensiones, el Plan de Retorno de los residentes españoles en el exterior, la posibilidad de compatibilizar pensión con ciertos trabajos, el Plan Director por un Trabajo Digno 2018-2020 o el Plan de Choque por el Empleo Joven 2019-2021, que incluye medidas específicas de fomento del empleo agrario y de apoyo al entorno rural y a los territorios más despoblados.

Aun admitiendo, con Stephen Hawking, que “limitar nuestra atención a cuestiones terrestres sería limitar el espíritu humano”, no parece descabellado, mientras llega el tiempo en que la humanidad pueda sobrevivir en otros lugares del universo, adoptar medidas de respuesta a los desequilibrios demográficos de España y del planeta.

J. Rodher

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