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La gesta que cambió el mundo

La primera vuelta al mundo comenzada por Fernando de Magallanes y finalizada por Juan Sebastián de Elcano cumple quinientos años. España y Portugal conmemoran esta gesta que cambió el mundo y la historia

El mundo en dos manos

El mundo en dos manos

La gesta no surgió por casualidad, la aventurera Portugal y la poderosa Castilla, compitieron y colaboraron por llevarla a cabo.

La circunnavegación del mundo, llevada a cabo entre 1519 y 1522, tiene unos antecedentes esenciales que prefijan el desarrollo de los acontecimientos a lo largo del siglo XV. En primer lugar Portugal consuma la reconquista a los musulmanes a mediados del siglo XIII, aunque continúan los conflictos con la monarquía castellana. En el siglo XIV sufre un radical empobrecimiento y despoblación a causa de las epidemias de peste y la monarquía portuguesa se lanza al exterior para conseguir ingresos e influencia internacional apoyada en su maestría en la navegación en un país volcado al mar con 1.700 km de costa.

El primer hito de la expansión portuguesa es la conquista de Ceuta en 1415, el objetivo era África y navegan y exploran la costa occidental del continente negro llegando a descubrir Madeira, Santo Tomé y Príncipe, Cabo Verde, Angola y la Guinea llegando hasta descubrir el paso al Océano Índico en el Cabo de Buena Esperanza, en la actual Suráfrica, a cargo de Bartolomé Dias en 1488. Diez años después Vasco de Gama supera el Cabo de Buena Esperanza y llega hasta la India. Con el tiempo llegarían hasta China y Japón y sobre todo las islas indonesias de las Molucas donde se cultivaban las preciadas especias.

Y es que en el fondo de todo estaban las especias y su tráfico. Con la caída de Constantinopla en manos de los turcos en 1453, el imperio otomano bloquea las rutas de comercio que viene de Asia y amenaza a Europa occidental. Este es el punto de partida de la expansión portuguesa por África, el Índico y Asia, además el Mediterráneo estaba dominado por la Corona de Aragón. No ayudó tampoco el matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón (los futuros Reyes Católicos) en 1469. Mientras Portugal navegaba y conquistaba Castilla y Aragón avanzan mediante diplomacia y matrimonios dinásticos.

Pero eso cambia con el descubrimiento de América en 1492 por Cristóbal Colón, un genovés que había ofrecido su proyecto primero al rey de Portugal Juan II y que convenció a Isabel de Castilla para financiar el viaje.

El Tratado de Tordesillas

Tras el descubrimiento de América por la corona de Castilla y la expansión portuguesa por África y Asia se da la paradoja de que dos países europeos de apenas 600.000 km cuadrados entre los dos dominan todo el nuevo mundo conocido. Esto trajo no pocas fricciones y conflictos entre España y Portugal, países vecinos, a veces bien avenidos y otras no tanto.

El Papa Alejandro VI había –el valenciano Rodrigo Borja o Borgia- llegado al papado precisamente en 1492 (el año del Descubrimiento de Cristóbal Colón) y al regreso del navegante dictó cinco bulas en cuestión de un año que reconocían los derechos españoles sobre las nuevas tierras. Obviamente el rey de Portugal, Juan II, prefirió ignorar el arbitraje pontificio y hablar directamente con los Reyes Católicos.

Tordesillas fue el lugar elegido para iniciar las negociaciones entre ambos países en 1494. Los Reyes Católicos y Juan II fueron representados por altos funcionarios de ambas cortes.

En realidad todavía no se conocía la magnitud del Descubrimiento. No había razón para discutir por el reparto de algo desconocido, salvo porque el auténtico objetivo del Rey Juan II era mantener abierta la ruta con la India, tan lucrativa para Portugal desde que Turquía bloqueara las rutas mediterráneas.

En principio la propuesta portuguesa era realizar una partición de territorios basada en latitudes, de modo que sus barcos pudieran dirigirse a la India bordeando África o a directamente a través del Océano Atlántico por el sur. Tras unas durísimas negociaciones, la respuesta española fue que, al contrario, la división se mantuviera por meridianos como había planteado la bula papal «Inter caetera», si bien de forma más favorable a los portugueses de la planteada por el Papa. Los portugueses aceptaron el arreglo.

Así, el texto reservaba para Portugal el Atlántico y los territorios que había hallado Castilla por un meridiano fijado a 370 leguas del archipiélago de Cabo Verde. A España se le reconoció la libre navegación por las aguas del lado portugués para viajar a América y se le otorgó derechos de evangelización y soberanía en las nuevas tierras occidentales.

La incapacidad técnica de realizar una partición exacta a lo firmado el 7 de junio de 1494 dio lugar a una serie de conflictos entre ambos países. En el año 1498 se descubrió una nueva ruta hasta la India y en 1500 Brasil, un territorio que se encontraba en la parte portuguesa del Tratado de Tordesillas.

El Tratado de Tordesillas fue sistemáticamente violado por unos y otros y tiene una importancia notable en la gesta de la vuelta al mundo. Estuvo en teoría vigente más de dos siglos y medio hasta que en 1750 España y Portugal reasignan sus posesiones en el Tratado de Madrid, repartiendo y delimitando sus posesiones en América.

Gastón Txurruka

Una de las varias réplicas de la nao Victoria, que completó la vuelta al mundo al mando de Elcano

Una de las varias réplicas de la nao Victoria, que completó la vuelta al mundo al mando de Elcano

Buscando especias encontraron un mundo

Las valiosas especias fueron el acicate principal de la primera circunnavegación.

Ni el portugués Fernando Magallanes, ni su sustituto en el mando de la expedición, el español Juan Sebastián de Elcano, pretendieron jamás circunnavegar la Tierra por primera vez en la historia; buscaban sólo las preciadas especias. Al completar un giro al planeta, navegando siempre en dirección oeste, dieron sin habérselo propuesto un primer y remoto paso en esa realidad que hoy se conoce como globalización.

El largo viaje, que ha venido en conocerse como la expedición Magallanes-Elcano, fue auspiciado por la corona española en el siglo XVI. Este año se han cumplido 500 años desde que Carlos I firmara con Magallanes las conocidas como capitulaciones de Valladolid por las que el monarca español –después de que Portugal rechazara el proyecto– ponía a disposición de la expedición la impresionante cifra de cinco naves. El objetivo del peligroso viaje era encontrar un paso marítimo que llevara al Mar del Sur recién descubierto por Balboa (posteriormente conocido como Océano Pacífico).

Magallanes convenció al rey con la errónea creencia de que las islas de las especias se encontraban en la parte española del mundo que el tratado de Tordesillas (1494) había dividido en dos mitades: una para España y otra para Portugal.

Las islas Molucas y su control son el auténtico inspirador de la expedición; llegar y tomar posesión de ellas. Fue esa la motivación; la de hacerse con el dominio de la especiería, y no dar la vuelta al mundo, la que empujó a oficiales y marineros a hacerse a la mar y completar, sin haberlo previsto, la vuelta a la Tierra. Tras las capitulaciones de Valladolid, Magallanes concentra todo su tiempo y esfuerzos en preparar naves, pertrechos y provisiones. Con todo listo, zarpa de Sevilla un 10 de agosto de 1519.

Existe un debate académico sobre si Magallanes tenía información previa o no sobre la existencia del paso de un océano a otro. Sea como fuere, y después de una dura invernada en tierra en lo que hoy sería el sur de Argentina, alguna deserción y hasta de un sofocado motín, en el que estaba complicado Elacno, la expedición alcanza la boca del paso, la entrada de lo que se conocería con el tiempo como Estrecho de Magallanes.

A pesar de algunas dudas que asaltan a Magallanes, la navegación en dirección oeste no se detiene y lo que queda de la expedición –tres naves– alcanzará a mediados de marzo de 1521 las costas filipinas, archipiélago del que Magallanes tomará posesión en nombre del emperador Carlos. Llegaron solo tres naves porque una de las embarcaciones había naufragado durante los cinco meses de parada invernal y la otra había desertado y dado media vuelta en el momento en que la agrupación naval iniciaba su entrada en el estrecho. “En el Pacífico, Elcano cae enfermo y lo está hasta la llegada a Filipinas donde se recupera, aunque no lo suficiente como para participar en la batalla en la que Magallanes acabará muriendo”, recuerda el profesor Salvador Bernabéu, de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla.

Los sucesos durante los que fallece el jefe de la expedición se conocen como la batalla de Mactán, en referencia a la isla donde se produjo el enfrentamiento armado entre 50 hombres de Magallanes y más de 1.000 guerreros locales en la playa. Al parecer, el portugués pecó de soberbia e infravaloró las capacidades de los nativos. Por su testarudez, se enfrentó contra un líder local llamado Lapu-Lapu a pesar de que sus colaboradores y parte de las tripulaciones se lo desaconsejaron.

Muerto Magallanes, será en última instancia Elcano el que se haga cargo de la dirección de la empresa tras pasar por las islas Molucas y cargar de clavo hasta los topes la nao Trinidad y la nao Victoria. La tercera, la Concepción, había sido destruida en la isla de Cebú por la propia tripulación ante la falta de marineros para gobernarla y su mal estado.

La decisión es regresar a España por la vía de la India. Pero el mismo día de la partida se da noticia de una grave vía de agua que sufre la Trinidad, que la obliga a quedarse en puerto para su reparación. Se acuerda que esta nave regrese por el Pacífico hasta América cuando pueda navegar y que la Victoria, capitaneada por Elcano, continúe el viaje.

El guipuzcoano sabía que bordeando las costas de África debía evitar todos los puertos controlados por Portugal. Lo logró, aunque tuvo que dejar a varios hombres como prisioneros de los portugueses en Cabo Verde y es que los lusos no se fiaron de la información de Elcano sobre la procedencia de la nao Victoria. Hizo escala allí para reabastecerse. Se quedaron 12 hombres que tiempo después serían liberados y devueltos a España.

Famélica y enferma la tripulación, el 6 de septiembre de 1522 la nao Victoria alcanzó el puerto de Sanlúcar de Barrameda. Regresaron 17 hombres y su capitán, Juan Sebastián de Elcano. La nao fue arrastrada por el Guadalquivir ante su mal estado y arribó a Sevilla dos días después. Las noticias de la gesta habían corrido por el río mucho más rápido que la embarcación. En la capital andaluza, les esperaban todas las autoridades y numeroso público.

“La circunnavegación fue la proyección del comercio global en búsqueda de las especias, dejando la extracción de metales preciosos en segundo plano”, comenta Bethany Aram, de la Universidad Pablo Olavide de Sevilla. A diferencia de otras anteriores, como la de Vasco Núñez de Balboa en 1513, la expedición Magallanes-Elcano “cambia la motivación principal del oro y los metales preciosos por la de las especias, que pasan a tener más interés”, insiste Aram.

Para los expertos, la primera circunnavegación a la Tierra acarreó cambios en ámbitos como el tráfico marítimo, el comercio y las finanzas cuyas consecuencias han llegado hasta el día de hoy. El propósito de alcanzar un paso para llegar al Mar del Sur y de allí a las islas de las especias facilitó también un primer acercamiento a China.

La circunnavegación supuso también la puesta en marcha de un mecanismo de financiación que se consolidó, como fue el de la colaboración entre el capital público, en este caso procedente de la corona, y el privado, el invertido por mercaderes castellanos que recuperaron con grandes intereses su dinero.

“Tras la expedición Magallanes-Elcano, se pone en marcha la costumbre de que capitanes y maestres inviertan capital propio en las expediciones en las que participan”, explica el profesor Sergio Sardone, de la Universidad de Nápoles Federico II. El propio Elcano invertiría unos años después una gran parte de su fortuna, y con ello casi arruina a su familia, en una nueva expedición a las islas Molucas en la que encontraría su muerte, la de varios de sus hermanos y la de un cuñado.

Carlos Piera

Fernando de Magallanes (1480 -1521)

Retrato de Fernando de Magallanes (1480 -1521)

El lado oscuro de Magallanes

Un congreso de historiadores en Valladolid constata la complejidad del portugués, que no puede eclipsar a Elcano

Final del formulario

Fernando de Magallanes tuvo una visión. Cumplir el sueño de Colón de llegar a la Especiería por la ruta del oeste. Partía de un conocimiento directo de las costas asiáticas –tras muchos años de servicio al Rey de Portugal–y del aviso de un posible pasaje al sur de la Tierra Firme hacia el Pacífico. Tuvo además mucha fortuna, después de que Manuel I rechazase su proyecto, pues accedió muy pronto al joven Rey español, Carlos I, y logró en menos de dos años el respaldo a su proyecto de viaje a las Indias orientales que a Colón le había costado nueve años conseguir.

También tuvo mucha suerte porque su historia la contó Antonio Pigafetta, el aventurero italiano que escribió una crónica del viaje de la primera vuelta al mundo en la que Magallanes era el héroe y Elcano el hombre al que había que derribar. Pigafetta le odiaba. Stefan Zweig, autor de una famosa biografía de Magallanes, y muchos otros agigantaron su figura durante siglos. Pero ahora sabemos que no ha escapado a sus sombras.

La historiadora norteamericana Carla Rahn Phillips ha dicho “Los historiadores tienden a favorecer a Magallanes en los conflictos que se registraron. Le pintan como marinero experto, dueño de una visión, sometido a grandes dificultades que le procuraron burócratas y cortesanos españoles, ignorantes de la vida marítima”. La historiadora norteamericana afirma que Magallanes mantuvo el rumbo secreto contraviniendo las órdenes expresas del Rey y los usos de las expediciones españolas y no escuchó a los capitanes -entre ellos Elcano- como era su obligación según las instrucciones dadas el 8 de mayo de 1519, que subrayan el control real de la expedición.

Tras el alzamiento de la bahía de San Julián fue desmedido. Condenó a 40 hombres a muerte. Sustituyó cargos para imponer a portugueses que iban con él y a familiares. Al llegar a Mactán, en Filipinas, Magallanes vuelve a mostrar un sombrío delirio, al interponerse en una querella local que acaba en batalla y finalmente le cuesta la vida el 27 de abril de 1521. Contraviene otra vez las órdenes del Rey, baja del barco y muere acribillado.

Carla Rahn tiene claro que «muchos biógrafos desprecian contribución de Elcano al éxito de la expedición pero su liderazgo fue crucial durante el año final del viaje”.

Esther Ortega

Retrato de Elcano realizado por Ignacio Zuloaga en 1922

Retrato de Elcano realizado por Ignacio Zuloaga en 1922

Juan Sebastián de Elcano, el héroe olvidado

La falta de documentación y la manipulación histórica y política han minimizado la figura trascendental de Elcano

Juan Sebastián Elcano nació en una fecha desconocida, probablemente hacia 1476, en la villa de Getaria, provincia de Guipúzcoa (Corona de Castilla). Primogénito de nueve hermanos, pertenecía a una familia de pescadores y marinos acomodados, que contaban con casa y embarcación propia.

Desde muy joven, se enroló en barcos pesqueros y comerciales, por lo que adquirió gran experiencia marinera. Hacia 1509 contaba con una nave de 200 toneladas con la que tomó parte en la expedición militar contra Argel, que fue dirigida por el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros. Posteriormente tomó parte en otra campaña en Italia, esta vez a las órdenes del Gran Capitán.

Durante esta última campaña Elcano tuvo que hipotecar su nave a unos mercaderes saboyanos para poder pagar los sueldos que adeudaba a su tripulación, que había amenazado con amotinarse. Hacia 1518 o 1519 se establece en Sevilla, donde tuvo conocimiento del proyecto que estaba preparando el marino portugués Fernando de Magallanes. La expedición de Magallanes tenía gran dificultad para reclutar tripulación por lo incierto del viaje, por lo que esta se formó en buena medida con desesperados y deudores como el propio Elcano.

Fue así como en 1519 Elcano se alistó en la expedición de Magallanes. Su experiencia de hombre de mar le valió un cargo relativamente importante en la expedición; fue nombrado contramaestre de la nave Concepción, una de las cinco que componían la escuadra.

Tras la odisea escribe una relación al rey Carlos al que pide bastantes cosas al rey Carlos I, y el rey, a través de su secretario Francisco de los Cobos, le contesta a casi todo que no, aunque le concede una renta anual de 500 ducados de oro de por vida, un dineral en aquellos tiempos. Una renta que nunca llegaría a percibir.

Su situación económica es desesperada y tres años después se embarca en la expedición a las Molucas comandada por García Jofre de Loaisa. Una expedición desastrosa en la que Elcano encuentra la muerte, parece que por escorbuto. Su testamento lo firma como testigo un jovencísimo Andrés de Urdaneta, que sería uno de los geógrafos y marinos más importantes de su tiempo. Elcano y Urdaneta son los primeros eslabones de una brillante cadena de marinos guipuzcoanos en la que está también Antonio de Oquendo, Blas de Lezo o Cosme Damián Churruca.

G. Ch.

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