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25 Cumbre del Clima de Madrid

Tras unas negociaciones maratonianas durante las que incluso llegó a planear la amenaza de la suspensión sin ningún tipo de acuerdo, la Cumbre más larga de la historia acabó con un texto de mínimos que ha sido criticado por diversos sectores por su falta de ambición

El objetivo de la cumbre era fortalecer los compromisos nacionales en materia de clima

La vigésimo quinta Cumbre del Clima (COP25), celebrada en Madrid durante este mes de diciembre, se ha convertido en la más larga de la historia. Tenía que haber acabado el viernes 13 de diciembre, pero no fue hasta el domingo cuando las Partes llegaron a un acuerdo: un texto de mínimos alejado de lo que reclamaban los expertos y organizaciones ecologistas y que ha sido criticado por su falta de ambición.

La conferencia estaba originalmente planificada para realizarse en Brasil, pero el gobierno de ese país desistió a finales de 2018. Chile asumió la presidencia y por tanto la organización del evento. Sin embargo, el gobierno chileno suspendió la realización de la conferencia a poco más de un mes de su celebración, debido a la serie de protestas ocurridas en ese país, siendo cambiada su sede a la capital española.

En una fecha clave por la entrada en vigor del Acuerdo de París el próximo año, la reunión que debía sentar las bases para una nueva fase de acción climática arrancaba en Madrid con la presencia de más de cincuenta jefes de Estado y de Gobierno, y representantes de los principales organismos internacionales.

En la ceremonia de apertura, participaron entre otros el secretario general de la ONU, António Guterres, el presidente en funciones del Gobierno español, Pedro Sánchez, la nueva presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y la ministra chilena de Medio Ambiente y presidenta de la Cumbre, Carolina Schmidt.

António Guterres, tras enumerar los efectos que ya sufre el planeta por el “advertido, anunciado e ignorado cambio climático”, aseguró que hay que reducir las emisiones de carbono 7,6% cada año y llegar a la nulidad de emisiones en el 2050. Ser más drásticos en las actuaciones que lo previsto en el Acuerdo de París.

“Si no cambiamos urgentemente nuestro modo de vida-advirtió Guterres-, ponemos en peligro la vida misma. No tenemos tiempo que perder, tenemos las herramientas, los recursos. Falta la determinación política”.

Mensaje contundente de Guterres, al que siguió Pedro Sánchez, quien aseguró que España tenía intención de liderar el diálogo entre las casi 200 delegaciones para conseguir objetivos concretos. Y criticó a ese “puñado de fanáticos” que a día de hoy y pese a las evidencias siguen negando el cambio climático.

“Llegados a este punto-declaró Sánchez-, no hay más alternativa que actuar con hechos, con acciones. Hay que ir más lejos y hacer las cosas más rápido en materia de emisiones ya que o marcamos un punto de inflexión, o dejaremos atrás el punto de no retorno.”

 

La última oportunidad

La COP25 se planteó desde sus inicios como la última oportunidad para negociar las medidas que se pondrán en marcha el año que viene, una vez haya finalizado el Protocolo de Kioto. Una nueva guía para acabar con las emisiones de gases de efecto invernadero, proteger los ecosistemas y neutralizar los efectos del cambio climático.

En 2020 entraremos en una década clave para el clima y el futuro del planeta y por ello, con el lema “Time for action”, Tiempo para actuar, la Cumbre ha reunido a más de 25.000 delegados de todo el mundo, incluidos jefes de gobierno, ministros responsables de los asuntos ambientales y climáticos, organizaciones no gubernamentales, científicos, empresarios, activistas y miembros de la sociedad civil.

La Zona Azul, el espacio administrado por Naciones Unidas, es donde se desarrollaron tres conferencias: La XXV Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Cambio Climático, la XV reunión de las partes del Protocolo de Kioto y la II reunión de la partes del Acuerdo del Clima de París. Además de otros actos y la agenda oficial de Naciones Unidas, también incluyó una zona dedicada a la Agenda de Acción Climática Global dedicada a ONGs.

Es en esta zona donde se llevaron a cabo las negociaciones sobre el clima en dos plenarios y salas de reuniones. España contó con un pabellón dentro de la zona azul, en el que además de agenda de gobierno se desarrollaron 64 actividades propuestas.

Al mismo tiempo, en la Zona Verde, de unos 3.000 metros cuadrados, se habilitó un espacio dedicado a los jóvenes; la Acción Sectorial por el Clima, donde estaban los patrocinadores de la COP25; otro dedicado a las comunidades indígenas, una tercera zona para la innovación y la ciencia, y otra para organizaciones de la sociedad civil, en la que se recibieron unas 1.400 propuestas.

 

Tensas negociaciones

Tras tensas negociaciones, vio la luz el acuerdo bautizado como “Chile-Madrid, Tiempo de Actuar”, que fracasa, por ejemplo, en la regulación de los mercados de carbono y que es mucho menos ambicioso de lo que se planteó en la inauguración de la COP25.

La Cumbre del Clima más larga de la historia acaba con ese compromiso insuficiente y, sin embargo, parece un pequeño triunfo después de unas negociaciones maratonianas en Madrid durante las que incluso llegó a planear la amenaza de la suspensión de la COP25 sin ningún tipo de acuerdo.

El texto de la COP25 allana el camino para cumplir los objetivos de reducción de gases de efecto invernadero, pero deja en manos de la Cumbre de Glasgow en 2020 que los países presenten objetivos más ambiciosos en cuanto a reducción de CO2.

El acuerdo es, además, muy genérico. Destaca en el texto final que reconoce la importancia de la acción climática que lleven a cabo los gobiernos y les invita a poner en marcha estrategias para limitar los efectos de la emergencia climática.

Y todo pese a los insistentes mensajes de los expertos y las organizaciones científicas, que han dejado claro a lo largo de los últimos años que el cambio climático está acelerando, llevando al planeta al abismo de un cambio irreversible que tendrá consecuencias nefastas para todos, y que 2019 marcará nuevos récords en incremento de temperatura y también en concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera.

La cita se planteó como un escenario para intentar limitar todavía más las emisiones sobre lo firmado en el Acuerdo de París en la COP21. La razón es que los científicos han dejado claro que los 2 grados de aumento de las temperaturas que los países se comprometieron a no sobrepasar no serían suficientes para evitar consecuencias catastróficas y además, por el momento, la realidad dice que estamos más cerca de un incremento de 3ºC que los 2ºC firmados en París.

“Ahora mismo- denunció Pam Pearson, directora de la Iniciativa Internacional sobre el Clima de la Criosfera-, Groenlandia está perdiendo masa seis veces más rápido que antes, y la Antártida al menos dos veces más rápido. Australia está ardiendo, y esto está sucediendo sólo con un calentamiento de 1°C. Sabemos que sobrepasar los 2°C es un riesgo. No hay tiempo para que se derrumben las negociaciones sobre el clima”.

Otra de las aspiraciones de la Cumbre pasaba por que los países presentaran planes de recortes de emisiones más duros. Su resultado también se vio frustrado. Al final, sólo 84 países se han comprometido y entre ellos están España, Reino Unido, Francia y Alemania. No se unió a este compromiso ni Estados Unidos, ni China, ni India, ni Rusia, entre otros. Todos ellos responsables, conjuntamente, del 55% de las emisiones del mundo.

La Cumbre de Madrid cierra además con un fracaso notorio al no haber consensuado el desarrollo del artículo 6 del Acuerdo de París que debía definir las reglas de los llamados mercados de carbono por los que se intercambian unidades o derechos de emisión de CO2 entre países y empresas. La cumbre ha fracasado en su objetivo previo de regular el mercado de emisiones de carbono para impedir que falseen la contabilidad de gases lanzados a la atmósfera.

Muy cerca del fracaso total, la COP25 consiguió tras múltiples prórrogas un acuerdo de mínimos que pide adoptar medidas más urgentes contra el calentamiento global. Un agónico acuerdo final que ha desembocado en un llamamiento a los países para que incrementen sus esfuerzos contra la crisis climática. Sin embargo, no se incluye un calendario específico ligado a la última advertencia del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente sobre el calentamiento global.

 

El clamor de la calle

Durante la cumbre, muchas voces se han alzado pidiendo que se escuchara a la gente. El fenómeno Greta Thunberg ha multiplicado la resonancia de las reivindicaciones sociales para que los gobiernos aceleren su acción para detener el deterioro del clima. La figura de la activista sueca ha impactado en la conferencia y ha subrayado cómo la demanda ciudadana ha crecido para que la crisis climática ocupe un lugar central en las políticas de los estados.

El encuentro ha dado mucho de qué hablar, y no sólo por la presencia de la activista Greta Thunberg. Muy mediáticas han resultado la presencia y las declaraciones de Javier Bardem; el activismo de Alejandro Sanz o la entrevista entre Pedro Sánchez y Harrison Ford, que participó en un acto junto al ex alcalde de Nueva York Michael Bloomberg en el que han hecho frente común contra Donald Trump, al que han acusado de "falta de coraje" por haber iniciado el proceso para sacar a EEUU del Acuerdo de París.

La Cumbre de Madrid ha puesto en primera línea de atención un nuevo tipo de activismo, y los políticos más concienciados destacan también el interés de empresas e inversores por contribuir a la lucha contra el cambio climático. Han sido muchas las empresas privadas que participaron en la Cumbre del Clima, asumiendo su papel como parte del problema y con ello su responsabilidad para alcanzar una solución.

Todo ello ha evidenciado la atención que los gobiernos deben prestar a las exigencias que hacen cada vez más ciudadanos, grandes inversores y empresas desde fuera de las salas de negociación y que les convierten en parte activa en las acciones por el clima.

Sobre los hombros de la Cumbre de Glasgow del próximo año pesa ahora el futuro de la reducción de emisiones y de la lucha contra el cambio climático ante un resultado calificado como "muy decepcionante" por la directora del Instituto Internacional de Derecho y Medio Ambiente, Ana Barreira. “Aunque no se reconozcan los informes científicos, la Tierra seguirá la trayectoria de calentamiento”.

La adolescente sueca Greta Thunberg, enseña del movimiento “Fridays for future”

El efecto Greta Thunberg

La prestigiosa revista Time la ha nombrado “persona del año 2019” porque “ha logrado convertir una vaga preocupación sobre el planeta en un movimiento mundial que exige un cambio global”.

Nacida en Estocolmo el 3 de enero de 2003, Greta Thunberg es una activista medioambiental sueca, centrada en los riesgos planteados por el cambio climático y cuyo impacto en el escenario mundial ha sido calificado por algunos medios de comunicación como “el efecto Greta Thunberg”.

En agosto de 2018, tras una gran incidencia de olas de calor e incendios forestales en Suecia, Thunberg dedicó parte de su tiempo tras la escuela a manifestarse frente al parlamento sueco, sosteniendo un cartel en el que se leía “huelga escolar por el clima”.

Entre sus demandas, que el gobierno sueco redujera las emisiones de carbono según el Acuerdo de París. El 7 de septiembre, justo antes de las elecciones generales, anunció que continuaría cada viernes hasta que Suecia se alinease con el Acuerdo de París.

Pronto, otros estudiantes participaron en protestas similares en sus propias comunidades. Juntos organizaron un movimiento de huelga climática escolar con el nombre de Fridays for Future (Viernes por el Futuro).

Este movimiento promovió una primera gran huelga estudiantil a nivel internacional que se celebró el 15 de marzo de 2019 y que fue seguida en más de 2000 ciudades por el mundo, 58 de ellas españolas. Otra huelga se organizó tres días antes de la Cumbre sobre la Acción Climática ONU de 2019 que se celebró en Nueva York. Millones de personas de todo el mundo se han unido a estas manifestaciones.

Greta ha sido diagnosticada con el síndrome de Asperger,​ trastorno obsesivo-compulsivo (TOC),​ y mutismo selectivo. Si bien reconoce que su diagnóstico “me ha limitado antes”, no ve su autismo como una enfermedad y en cambio lo ha llamado su superpoder.

Thunberg es conocida por su manera contundente​ de hablar del cambio climático tanto en público como a los líderes y asambleas políticas, en la que insta a la acción inmediata para abordar lo que ella describe como la “crisis climática”.

En casa, Thunberg persuadió a sus padres para que adoptaran varias opciones de estilo de vida para reducir su propia huella de carbono, incluido renunciar a viajar en avión y no comer carne.

Aparte de participar en manifestaciones y marchas, entre otras muchas actividades ha intervenido en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2018, en el Foro Económico Mundial, y ha dado conferencias ante la Asamblea Nacional de Francia o en la Cumbre sobre la Acción Climática ONU celebrada en septiembre.

Ha recibido muchos premios y reconocimientos por su labor pero también existen muchos detractores que cuestionan la idea de que Thunberg deba liderar el activismo del cambio climático.

Sus padres también han recibido críticas por haber terminado centrando su actividad profesional en la “carrera mediática” de su hija. Su padre, el productor y actor Svante Thunberg; y su madre, conocida por su nombre artístico Malena Ernman, una cantante lírica sueca que representó a Suecia en Eurovisión en 2009. Incluso su hermana ha recibido críticas ya que también ha entrado “de pronto” en el mundo de la canción, pero ha decidido centrarse no en el cambio climático sino en el acoso escolar.

Sin embargo, una vez que se dio cuenta de que estaban ganando dinero con su nombre, Greta declaró contundente: “No soy parte de ninguna organización. Soy absolutamente independiente y hago lo que hago completamente gratis”.

 

Las otras Cumbres del Clima

Estocolmo, 1972. La primera gran conferencia internacional sobre medioambiente tuvo lugar en Estocolmo en 1972. La denominada Cumbre de la Tierra fue convocada por la ONU y contó con la participación de 113 países. Aquí se planteó por primera vez el cambio climático como un problema global y se advirtió de la necesidad de establecer un control sobre los agentes contaminantes.

La Declaración de Estocolmo surgida de esta reunión, contiene un plan de acción con más de 100 recomendaciones y 20 principios a seguir para proteger el medioambiente. Durante varias décadas, el medioambiente continuó sin aparecer entre las grandes cuestiones que preocupaban a la sociedad. Hasta 1995.

Berlín, 1995. En la primera Conferencia de las Partes, los países firmantes acuerdan reunirse anualmente para hacer un seguimiento de las labores que a partir de entonces se llevarían a cabo para controlar el calentamiento global. También se hace hincapié en la necesidad de reducir las emisiones de gases contaminantes. Esta Cumbre del Clima fue el inicio de las negociaciones que en 1997 verían sus frutos con el Protocolo de Kioto.

Kioto, 1997. 81 países (serían 183 en 2009), firmaron, y ratificaron la mayor acción para la protección del medioambiente hasta entonces: el Protocolo de Kioto. La medida más destacada de este acuerdo era reducir las emisiones de gases de efecto invernadero al 5%, principalmente de dióxido de carbono, metano, óxido nitroso, hidrofluorocarbonos, perfluorocarbonos y hexafluoruro de azufre.

Para ello se plantea por primera vez, entre otras cuestiones, el mercado de carbono. Un concepto que surge para contribuir a la reducción efectiva de las emisiones de CO2 y que consiste en que aquellos países incapaces de reducir sus emisiones pueden comprar “derechos de emisión” a los países que sí hayan conseguido minimizar su impacto medioambiental y de este modo equilibrar la balanza global.

El Protocolo de Kioto entró en vigor en 2005 y aunque su fecha de finalización estaba prevista para 2012, se creó un segundo período con medidas más ambiciosas para paliar el efecto invernadero.

Bali, 2007. Diez años después del Protocolo de Kioto se crea la Hoja de Ruta de Bali, que además de adoptar nuevas medidas dentro del acuerdo firmado en 1997, establece la necesidad de desarrollar un nuevo protocolo para sustituir a éste y en el que se incluyan todos los países adscritos a la COP. Se traza un nuevo curso de negociaciones que serían revisadas y completadas en 2009.

Copenhague, 2009. Aquí, la prioridad era alcanzar un nuevo acuerdo, más ambicioso, antes de que finalizara el Protocolo de Kioto en 2012. Se fijan varios objetivos, entre ellos mantener el aumento de la temperatura global por debajo de los 2ºC y lograr una reducción del 50% de las emisiones de gases de efecto invernadero para 2050.

Cancún, 2010. La decimosexta Conferencia de las Partes finalizó con la aprobación de los Acuerdos de Cancún, una serie de medidas que permitirían incrementar las actuaciones del Protocolo de Kioto para mantener el aumento de la temperatura por debajo de los 2ºC. Además se creó el Fondo Verde para el Clima, un mecanismo con el que recaudar fondos para ayudar a los países en desarrollo a adaptarse y mitigar los efectos del cambio climático.

Doha, 2012. Era el año en el que finalizaría el Protocolo de Kioto. Sin embargo, en la COP17 celebrada en Doha se acordó la prolongación de este acuerdo hasta 2020, aunque algunas de las grandes economías como Estados Unidos, China, Rusia y Canadá no respaldaron esta prórroga.

París, 2015. Se necesitaba una nueva propuesta tras el Protocolo de Kioto ya que las medidas anteriores resultaban insuficientes si se querían cumplir los objetivos de reducción de emisiones y aumento de la temperatura.

En 2015 se acepta por unanimidad el Acuerdo de París, que entrará en vigor en 2020, una vez finalizado el anterior acuerdo. Fue ratificado por 195 países, aunque en 2017 Estados Unidos anunció su retirada.

Entre las principales metas del Acuerdo de París se encuentra mantener el aumento de la temperatura global por debajo de los 2ºC y limitar este aumento a 1,5ºC. También mejorar la capacidad de adaptación de los países a los efectos adversos del cambio climático y reformar las corrientes financieras hacia un desarrollo sostenible.

Fernando Díaz

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